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Disfruta de tu fiesta.

Qué bueno es poder llegar a tanta gente a través de este medio. En casos como éste, para transmitir una fiesta tan especial como la de Las Tablas. Esta fiesta es más que ninguna otra del pueblo, es de la gente de aquí. De todos, de niños y grandes, de jóvenes y viejos.

Es lo mejor que tiene. No es de nadie. Es de todos los de Icod. ¿O no?

Imagino que hablo por todos si digo que esta fiesta ¡me encanta! Esto sólo lo puede entender quien ha disfrutado con una tabla desde pequeño, quien se ha pelado el culo o las piernas en algún bache, o se ha abierto la ropa y las carnes en alguna mala trayectoria. Cuando "se te va la tabla un poco" y... ¡ay...! En fin. Pasa pocas veces.

Esta tradición es de lo mejor. Esto se vive y se siente porque es de lo más especial que hay.

Lo primero porque la tabla se la prepara uno mismo con cualquier cosa. Porque es una actividad creativa como pocas. Cada uno a su gusto. Te buscas una tabla en cualquier sitio y la aprovechas. Y de un trozo de madera que parecía que no servía para nada te haces un maquinón. Hasta le pones un cojín, o la pintas con tu imagen favorita. Haces con ella lo que te dé la gana. Y si te das con un martillo en un dedo al prepararla te sabe más.

Pulir la tabla cuesta abajo tiene su trabajo también. Ponerte a lijarla contra el suelo hasta que va como un tiro es algo que además te ayuda a conocerla, entender cómo reacciona la tabla con la que te vas a hartar de tirarte, entender hacia dónde se te va... Engrasarla, lijarla...

El olor a madera caliente, las chispas brotando de los clavos en el roce con la carretera, que cuando te bajas no los puedes tocar porque te queman. Las briznas de madera y piedras saltando por todas partes, que si no tienes cuidado te entran en un ojo, y la puñetera velocidad con esa extraña sensación de control... Eso es lo que más pone de todo esto. La adrenalina mientras vas calculándolo todo. Aprendiéndote el recorrido, los baches y las pendientes...

Subir por la cuesta con ese mono de querer volverse a tirar. Bajar a toda leche otra vez. Remover las gomas, colocarlas, tirarlas o dormir en ellas si te da la puñetera gana para echar la siesta. Descansar encima de ellas o en la tabla en la calle si te apetece con los amigos. Pasarte el día volando y llegar a casa cansado de divertirte con los demás así...

Aquí todo te lo guisas y te lo comes tú. A tu manera.

Esta tradición es divertida, peligrosa, emocionante, trepidante... Es la caña. A todos los críos les deja buenos recuerdos. No tiene nada que ver con nada. El que es de Icod y disfrutó de esto de pequeño lo lleva en vena.

No es una celebración religiosa de ningún tipo de esas miles que ya lo saturan todo por este país, con sus rituales de siempre.

No tiene nada que ver con ningún juego tecnológico enchufado a un mundo que no existe, con gente que no sabes ni si es real o no, aunque te hablen.

Aquí todo es real y lo vives intensamente. Además está claro qué simboliza esta tradición, qué se celebra, de dónde nace y gracias a quién. No tiene nada de ilusorio ni de fantasía.

No hay distinciones, todos son iguales. Todos comparten la misma calle, su calle, nada de digital ni diseñado por ninguna institución para apropiarse la cultura de la gente. Es tradición 100%.

Es fruto de las habilidades de las personas, de su esfuerzo para salir adelante por sí mismas, de su capacidad para avanzar día a día. Surgió de la capacidad de la gente para divertirse, aplicando la imaginación, mientras levantaban este pueblo. Quién no se los imagina bajando en esa época la madera desde el monte y aprovechando para disfrutar como críos en el trayecto, dominando las cuestas tan empinadas que tenemos aquí.

Esta tradición es de la gente, que es como debe ser.

Disfruten de lo suyo.

Saludos para todos y felices Tablas.

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